Asalto en Borogham (Inventízate marzo 2021)

El callejón apesta a las aguas cenagosas del canal cercano y a los miasmas de las incontables chimeneas de Borogham. Pero en ese instante, Sobek solo puede oler la sangre que le inunda la nariz rota. Tampoco puede percibir el aroma a gladiolos, formol y ectoplasma de las dos enmascaradas que lo patean sin piedad mientras él se cobija hecho un ovillo.

—¡Ahora no eres tan duro, ¿eh, enano de mierda? —grita una mientras sigue castigándolo con la puntera metálica de su bota.

—Señoras mías, llamar enano a una persona que padece acondroplasia es discriminatorio. Por no hablar de apalearlo de esa forma en un callejón.

Las agresoras, sorprendidas por el recién llegado, se giran simultáneamente con una coordinación pasmosa. Sus capas pardas vuelan para dejar ver sus ceñidas indumentarias de cuero negro. Lanzan sendos cuchillos que vuelan con un silbido mortal. Uno de ellos se clava en una bolsa de desperdicios. El otro, en el hombro de Sullivant Strawn.

El hombre, desgarbado, rubio y de aspecto enfermizo, mantiene su sonrisa perturbadora. La hoja incrustada en su cuerpo, que hace que un fluido azulado y viscoso le chorree por la bata de médico llena de lamparones, parece no importarle. El metal llena el callejón con su eco al caer al empedrado, y de la herida surgen un sinfín de arañas minúsculas que comienzan a curarla con una seda púrpura.

—¡Vete de aquí, demonio! ¡La cosa no va contigo!

Strawn observa a las enmascaradas. Sin previo aviso, lanza una flema humeante contra una de ellas. Su máscara cae al suelo medio derretida, una faz purulenta y escamosa con tres ojos queda al descubierto. Por las paredes del callejón rebotan un nada desdeñable compendio de insultos.

Sobek aprovecha la distracción para incorporarse. Está magullado y dolorido, pero se ha visto en peores situaciones. Carga contra una asaltante y la derriba al golpearla con su hombro. Se monta sobre ella a horcajadas y comienza a pegarle puñetazos hasta que la deja sin sentido.

—¡¿Quién no es dura ahora, eh?!

La otra saca de los pliegues de su manto un lanza-garfios y lo apunta a Strawn. El metal se clava en su cuerpo, y una descarga eléctrica recorre todo el cable hasta sacudirlo y dejarlo en el suelo, inconsciente y humeante.

Sobek se levanta de un salto y lanza una patada voladora contra el costado de su oponente, que la recibe con un gemido y una maldición. Ella agarra la pierna del tipo bajo y fornido con una mano, y con la otra le clava otro de sus cuchillos en el muslo. Ese error le cuesta la vida, pues Sobek se arranca el arma con una lluvia de sangre y de un movimiento relampagueante le secciona la yugular. Derrotadas las dos agresoras, mira a su compañero inconsciente.

—Vamos a necesitar mucho más que bichos para la que se nos viene encima, Stinky —sentencia con resignación—. Sin duda alguna, las Caminantes del Crepúsculo querrán cobrarse su venganza.

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