Solarpunk, imaginemos el futuro

El Solarpunk es el contraste con la negatividad, la luz que necesitamos para recuperar el optimismo que nos han arrebatado. Desde la perspectiva de principios del siglo XXI, la situación se ha puesto bastante desagradable. Una amalgama de diferentes crisis envuelve a la gente del planeta Tierra y a todas las demás formas de vida biótica que lo comparten: una crisis geopolítica, una crisis sanitaria, una crisis económica y una crisis ecológica que se agrava debido al calentamiento global, derivado de un sistema político-económico que requiere combustibles fósiles para impulsar su tecnoestructura.

La cultura, al tener una relación simbiótica con las condiciones materiales, refleja muchas de estas crisis en la ficción y las artes. Las décadas de 2000 y 2010 estuvieron repletas de imágenes apocalípticas de un futuro devastado por la guerra, el totalitarismo, la tecnología de armas descontroladas, los virus asesinos, los zombis y el colapso ambiental. No es que tales narrativas sean innecesarias. En el mejor de los casos, pueden servir como una llamada de atención para aquellos atrapados en el mito de que habíamos llegado al «final de la historia» con la caída del Muro de Berlín y el triunfo del capitalismo a escala planetaria. Pero si tal paradigma sigue siendo la visión principal que nuestra cultura globalizada tiene del futuro potencial, el cinismo y la desesperación generalizados que hacen que todas las crisis parezcan inevitables podrían echar una raíz demasiado gruesa para arrancarla.

Por eso el Solarpunk es tan necesario.

El Solarpunk es una brizna de esperanza contra la desesperación

El Solarpunk es una rebelión contra el pesimismo estructural en nuestras predicciones más recientes sobre el futuro. Por no decir que reemplaza el pesimismo con un optimismo un tanto ingenuo, pero con una esperanza cautelosa y un atrevimiento para desentrañar el positivismo potencial en cualquier situación, por adversa que esta pueda parecer. El mismísimo Apocalipsis puede contener las semillas de algo mejor; algo más ecológico, liberador, igualitario y vibrante que lo que había antes, si trabajamos duro para cultivar esas semillas.

Ya sabemos que existen toda una variedad de retrofuturismos que terminan con el sufijo «-punk»: Steampunk, Dieselpunk, Clockpunk, Biopunk, Cyberpunk, Teslapunk, etc. Todos los diferentes retrofuturismos imaginan cómo podrían resultar las cosas si la sociedad y la tecnología tomaran un rumbo diferente. Mientras que el Steampunk imagina un pasado que podría haber existido, basado en la tecnología de la era victoriana, el Solarpunk imagina un futuro que podría existir basado en la tecnología de la era actual. Anticipa el tipo de historia alternativa de ciencia ficción que la gente del futuro podría escribir sobre nosotros si las cosas se tuercen. Pero más que un nuevo subgénero de ciencia ficción o fantasía, también es una visión práctica para (tal vez) hacer realidad lo que imaginamos.

Puedes preguntarte qué tiene que ver el sufijo «-punk» en un género en el que todo parece lleno de paz y amor. Después de todo, ¿no se supone que el punk denota ira y rabia contra «el sistema»? El punk es más un ethos que un conjunto específico de significantes, lo que implica rebelión y negación del paradigma dominante y todo lo represivo en él. Entonces, en ese sentido, en un mundo que está siendo destrozado por un sistema planetario basado en la avaricia, la lujuria por el poder y el ecocidio, el Solarpunk podría ser el movimiento más «punk» de todos.

El Solarpunk es ecoespeculación, tanto en la ficción como en la realidad

El Solarpunk es una tendencia principalmente estético-cultural y, en ciertas ocasiones, ético-política. Intenta negar la idea dominante que se apodera de la conciencia popular: que el futuro del planeta debe ser sombrío y peor que el presente. Al observar la brecha milenaria entre la sociedad humana y el mundo natural, establece como fundamento ético la necesidad de reparar esta brecha, transformando nuestra relación con el planeta y trascender aquellas estructuras sociales que conducen al ecocidio sistémico.

Se basa mucho en la filosofía de la ecología social, que también se centró en reparar esta brecha reestructurando la sociedad para que funcione más como la ecología: no jerárquica, sino cooperativa, diversa y en busca del equilibrio.

La visión del Solarpunk es la de una sociedad ecológica más allá de la guerra, la dominación y la escasez artificial; donde todo está impulsado por energía verde y la cultura de la jerarquía y exclusión ha sido reemplazada por una cultura basada en la inclusión radical, la unidad en la diversidad, la cooperación libre, la democracia participativa y la autorrealización personal.

Este sería un mundo de ecociudades descentralizadas, impresión 3D, granjas verticales, ventanas de vidrio solar, formas salvajes o inventivas de vestimenta y diseño, y una estética cosmopolita vibrante; donde la tecnología ya no se usa para explotar el mundo natural, sino para automatizar el trabajo humano innecesario y ayudar a restaurar el daño que la Era del Petróleo ha causado. El Solarpunk desea sociedades de diversidad étnica multicultural y donde no exista ningún tipo de discriminación de género, donde cada persona sea capaz de actualizarse en un entorno social de experimentación libre y cuidado comunitario. Busca impulsar por un ethos primordial de racionalismo compasivo, donde la ciencia y la razón no se ven como antítesis de la imaginación y la espiritualidad, sino como conceptos que sacan lo mejor de cada uno.

Intenta fomentar tales valores preconfigurando el mundo que se creará en el futuro a través de la literatura, las artes, la moda, el cine, la música, los juegos y un conjunto de ideas que puedan funcionar como sostén de la política y el activismo económico y ecológico.

Es probable que las historias del Solarpunk presenten personajes de grupos (actualmente) oprimidos o marginados que viven con más libertad, igualdad e inclusión de lo que pueden hacerlo ahora. Nos permiten explorar un mundo exótico de modificación corporal, género y descubrimiento sexual y con nuevas formas de tecnología. En esa nueva realidad se lidia con los conflictos remanentes del viejo mundo, así como con los problemas únicos que seguramente surgirán en una escena social muy diferente. Las artes Solarpunk están impulsadas por mezclas de tecnología multimedia y artesanías más tradicionales, combinando cosas tan dispares como el anime, el Art Nouveau, el afrofuturismo, los diseños indígenas estadounidenses y la moda eduardiana dando forma a corrientes artísticas eclécticas y multiculturales. Intenta tomar los aspectos existentes de nuestro mundo actual y reutilizarlos en algo más liberador, especializándose en reencuadrar, mezclar y reinventar los personajes, estilos y tendencias existentes en un contexto muy diferente. A través de la fusión de los diversos estilos estéticos de las culturas diferentes, el Solarpunk engendra una celebración de la hibridación sin dejar de ser sensible a los problemas de apropiación cultural.

El Solarpunk es la articulación positiva de un mundo mejor

Lejos de aceptar un mañana gobernado por estados autoritarios, corporaciones implacables y una biosfera degradada, el Solarpunk es un movimiento eco-futurista que intenta pensar en un futuro en el que a la mayoría de la gente le gustaría vivir. Un mundo caracterizado por una reconciliación entre la humanidad y la naturaleza, donde la tecnología se utiliza para fines centrados en el ser humano y ecocéntricos, y donde una sociedad impulsada por la jerarquía y la competencia ha dado paso a una organizada sobre la base de la libertad, la igualdad y la cooperación. 

Ya existen ciertas reminiscencias de este movimiento en la actualidad. Podemos encontrar cooperativas de trabajadores, eco-comunidades autosuficientes, asambleas populares directamente democráticas, federaciones voluntarias de pequeñas entidades políticas, redes de ayuda mutua o fideicomisos comunitarios de tierras.

Asimismo, tecnologías como la energía solar, eólica y undimotriz, la impresión 3D, la agricultura vertical, la micro-fabricación, el software libre, el hardware de código abierto y la maquinaria robótica que puede automatizar el trabajo humano sirven para ilustrar las posibilidades de un entorno ecológico y descentralizado con una tecnoestructura donde los medios de producción están bajo el control popular, en lugar de utilizarse para mejorar las ganancias y el poder de una élite gobernante.

Una política Solarpunk reemplazaría las formas centralizadas de gobierno estatal con confederaciones descentralizadas de comunidades autónomas. Cada una se administrará a sí misma a través de una democracia directa y participativa, con innumerables tipos de asociaciones voluntarias estructuradas horizontalmente que se encargarán de los problemas judiciales, ambientales y sociales.

La «economía popular Solarpunk» prescindiría tanto de las corporaciones lucrativas como de la planificación central estatal a favor de las cooperativas dirigidas por los trabajadores, las redes de intercambio colaborativo, los recursos de uso común y el control de la inversión por parte de las comunidades locales. El objetivo de la economía se reorientaría de la producción para el intercambio y el «crecimiento» industrial a la producción para el uso y el aumento del bienestar biopsicosocial de las personas y el planeta. La producción se movería lo más cerca posible del punto de consumo, con el objetivo a largo plazo de una relativa autosuficiencia en bienes y manufactura. Se utilizarían formas descentralistas de eco-tecnología para ayudar a que el trabajo sea más participativo y agradable, dándole un enfoque más artesanal al proceso productivo en sí, así como para automatizar las formas de trabajo aburridas, sucias y peligrosas siempre que sea posible. Incluso puede ser factible abolir el dinero como una molestia innecesaria en la asignación de recursos.

Una cultura Solarpunk se esforzaría por disolver toda forma de jerarquía social y dominación, con el objetivo de dispersar el poder que algunos individuos o grupos ejercen sobre otros y aumentar la libertad individual de todos. Buscaría empoderar a los desamparados e incluir a los excluidos. Tiene sus raíces en el legado de movimientos liberadores como el socialismo antiautoritario, el feminismo, la justicia racial, la liberación sexual, las luchas por la discapacidad, el animalismo y los proyectos de libertad digital.

Solarpunk, una utopía práctica

El Solarpunk no es utópico en el sentido negativo de querer diseñar un mundo «perfecto» sin ningún problema, pero es utópico al imaginar un mundo mejor que inspirará a la gente a crearlo en la realidad. Ve la utopía como un proceso constante de aproximación a un ideal, sin llegar a una luz al final de un túnel. El Solarpunk reconoce que nuestra utopía de liberación social y administración ecológica puede que nunca se logre al 100%, pero si al menos mantenemos esa visión en mente y dedicamos nuestros esfuerzos a hacer que el mundo sea un poco mejor todo lo que podamos, al menos cada paso que demos hacia el logro de esa utopía será un paso en la dirección correcta. Será progreso y, para aquellos a quienes impacta positivamente, liberación.

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1 thought on “Solarpunk, imaginemos el futuro

  1. Jon says:

    Una entrada muy interesante.

    Creo que es un género demasiado ingenuo que parece negar la realidad social. Cualquiera que haya vivido en una casa okupa sabe que las mismas personas mezquinas y generosas del mundo real se encuentran allí, donde hay broncas, hay violencia, compañerismo y presión de grupo.

    El autentico solarpunk debería estar basado en cómo evolucionaría una sociedad para poder ser (querer ser) solarpunk.

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